Reflexiones y perspectivas #3: Cuando de drogas se trata

¿De que drogas hablamos?

A la hora de emprender un viaje, además de estar atentos al seguro médico, siempre está bueno tener a mano una que otra “pasti” que te haga pasar el frente y disminuir un poco algún malestar. Es que sabemos que el cuerpo se estresa entre cambios de horarios, clima, ansiedad, sabores, comidas diferentes y bocha de “etcéteras”.

Personalmente, desde chico me atrajeron las drogas. Por curiosidad, como temática y porque eran “mala palabra”. Y se sabe que lo prohibido es tentador.

De más grande y hasta la actualidad me siguen atrayendo, como profesional que en consulta escucha el padecimiento de quien no puede prescindir de los “servicios” de una sustancia, como ciudadano común que convive con los estragos que algunas de ellas hacen sobre todo en pibes de barrios periféricos, y como usuario.

Pero ¿de qué drogas se trata? ¿de las que se consigue en la farmacia? ¿las que solicito una tras otra al mozo en un bar? ¿o a las que accedo luego de caminar y caminar por callejuelas perdidas de alguna ciudad? Lamentablemente, sigue siendo necesario definir que al hablar de “drogas” de forma general, me refiero a toda sustancia que produce algún cambio en el sistema nervioso central y que, con ello, también incluye a las drogas legales como medicamentos, tabaco y alcohol.

Tratándose de un blog de viajes, se da por descontado que este escrito tiene por objetivo encontrar algún punto en común entre estas dos “temáticas”.

 A lo largo de los años, los viajes, el turismo, consumo y las drogas han ido de la mano y han dejado tela pa´ pensar, variando entre otras cosas de acuerdo con el tipo de producto en cuestión.

La cervecita o el café

La cerveza fue la primera bebida alcohólica que tome cuando púber, pero desde el comienzo no ha sido una relación tan fructífera. Seguramente son contadas las veces que la anhelé o disfruté como creo, la desean y disfrutan otras personas cercanas. Ya he escrito sobre la relación que, entiendo, hay entre el consumo y los viajes, y la cervecita (y demás brebajes) acompaña este combo con total felicidad (y facilidad). Han estado allí en los viajes del secundario, como protagonista estelar en el viaje de egresados (creo que sigue siendo así). En un discurso un tanto pegajoso y sin posibilidad de interpelación alguna (porque a esa edad, y posiblemente mas allá de la edad, lo que la masa propone suele ser difícil de interpelar) la cuestión importante es la “joda” y con ésta la satisfacción “suprema”, ambas acompañadas del trago. Años más tarde con gran motivación llegue a Cusco, y mientras mis ojos se maravillaban con el paisaje y la comida, veía también jóvenes de mi edad que se desquitaban sin piedad en los bares de la capital inca por las noches. Recuerdo un chileno que repitió una frase que ya había escuchado, pero esta vez con acento trasandino afirmando que “LA fiesta es Cusco” y que “la vida hay una sola” y alguna burrada más que suele decir alguien bajo los efectos del alcohol. A mí me acompañaba la sensación de que muchas personas que veía allí no estaban tan maravilladas por las ruinas arqueológicas, por las piezas cuidadosamente expuestas en un museo o por entender el porqué de la importancia del conocimiento histórico.

Pero más tarde vi, escuché y leí que el mix (de turismo, fiesta y alcohol) se repetía a lo largo y ancho; por Ibiza, por el Sudoeste asiático, por los carnavales de Río o los andinos, por Cancún y otras playas caribeñas…

Cambia el clima, ciudad y huso horario, pero el discurso es el mismo. No importa el atractivo de la ciudad, si es un monumento, una ruina arqueológica o la arquitectura. La cervecita, o el vino, o la “caipira” solo son los objetos que aggiornan de acuerdo con la época o el lugar. De hecho, la terminología “birra” para llamar a la cerveza, que escuché desde siempre en Bs As, llegó hace unos años a mi ciudad. De la misma manera también apareció hace unos años “la movida” de servir la cerveza en pintas o medias pintas, algo que en otros países ya lo hacían algún tiempo atrás. Es tanta la data que relacionan al turismo con el alcohol que la Islas Baleares españolas se ha firmado un decreto que intenta mermar el denominado “turismo de borrachera”.

Sin ir más lejos Iago Neguerela, el consejero de trabajo, comercio e industria ha expresado que “con ello Baleares se convierte en el primer destino de Europa en combatir el turismo de excesos”,

Pero no quisiera que esto se perciba como una queja o crítica a las bebidas alcohólicas porque cuando he tenido oportunidad he acudido a ellas para pasar el frío como en Bulgaria, para calmar el calor, o para matar la sed luego de regresar de un largo trekking hacia el puente del diablo en las cercanías de Humahuaca, Jujuy (me animo a decir que fue la vez que más ansié y disfruté una cerveza).

Al respecto siempre recuerdo que José, un amigo, en toda ciudad que conoce prueba las cervezas locales (casi como una actividad tradicional en cada viaje) y me la juego que en su interior logra analizar fehacientemente el sabor, dulzor o amargor e individualidad de cada una. También he tenido la oportunidad de sentarme en una taberna en Bratislava, donde Ivan (que me hospedaba a través de couchsurfing) me llevó porque se trataba de la más antigua de la zona, abierta desde el año 1300 aproximadamente. Allí probé al menos 4 tipos diferentes de cervezas artesanales, hecha con la misma receta que antaño y recuerdo haber sentido un sabor diferente a otras tomadas en mi vida. Considero que José la habría aprovechado y disfrutado indudablemente mucho más que un ignorante en la materia como yo. De igual forma esto viene a colación de países occidentales, pues no se a ciencia cierta cómo será la cuestión en países árabes. Allí posiblemente la historia vaya más al consumo del café, al que puedo asegurar, tanto yo como muchos viajantes se dirigen con predilección para el despertar de cada día y las largas esperas en aeropuertos y terminales. Interesante es que, coherente a lo que se denomina “droga”, el café ha sido una de las primeras sustancias prohibidas siglos atrás. Hoy en día, mas allá de que ante muchos padecimientos se recomiende su desuso, es difícil pensar que pueda llegar a prohibirse. Tal vez porque, siguiendo a Esteban Ordóñez Chillarón “el mayor éxito de una droga es no parecerlo. Desgraparse de la palabra vicio y aterrizar en el cojín del placer, el hábito, e incluso la sofisticación o el gourmetismo.”

Los medicamentos

Las pastillas de adquisición en farmacias y droguerías tienen un lugar especial en esto de la relación a los viajes, ya que sin duda y valga la crítica mediante, esto de que la salud tenga tanta impronta empresarial se nota más que nada en el acceso a ella, sobre todo cuando uno está lejos de casa y sabe que puede llegar a la necesidad de desembolsar una buena cantidad de recursos económicos en una consulta. Mas allá del seguro de viajes que uno pueda contratar, por lo general un viajero lleva consigo un pequeño botiquín con aquellos medicamentos que puede llegar a necesitar y lo saquen de apuro. Paracetamol, ibuprofeno y protectores gástricos seguramente sean los más comunes. De hecho, organismos nacionales recomiendan de qué manera armar un kit de primeros auxilios a la hora de viajar. De todas formas, es necesario tener en cuenta que algunas drogas habilitadas en un país están prohibidas en otros y eso es un dato no menor para tener en cuenta y así evitar otro tipo de inconvenientes, demoras y malos ratos.

Así mismo hay remedios que tienen relación directa con el lugar a visitar, como ser la pastilla para evitar el soroche (o mal de altura) que suele ser la más común para “pilotear” esta afección en Bolivia y Perú por la alta presión atmosférica que caracteriza a muchos sitios de estos paises, donde también la hoja de coca sale como titular en el equipo preventor y energizante. Ésta última se consume en toda la zona andina de Perú y Bolivia, también en provincias argentinas como Jujuy, Salta y Tucumán, pero sin duda las más ricas están en la altura.  Sin embargo, nunca probé mejores que las de Potosí. Aunque esto es a gusto personal.

El tabaco

El tabaco es de las drogas socialmente más aceptadas por lo que no tiene mucha rosca con respecto a diferentes destinos. En todos los casos tiene el mismo efecto devastador en la salud. Tal vez un punto de diferencia sea que en algunos lugares aún es posible fumar en lugares cerrados, pero por experiencia me animo a pensar que eso cada vez va en disminución. Me llamó la atención ver en algunos aeropuertos, pequeñas salas para fumadores que tenían el techo “pintado” por el humo del cigarrillo contrastando ineludiblemente con el (mismo) techo a pocos centímetros de distancia y solo separados por un vidrio.

De igual forma en países como Cuba, Nicaragua, República Dominicana se ha enlazado al viajero al agroturismo y de ésta forma le ha encontrado otra rentabilidad al tabaco, ofreciendo tours para recorrer los cultivos, apreciar los aromas de la planta y ver cómo los artesanos se ponen manos a la obra para producir los tabacos.

A lo mejor el dato de color a todo esto fue que unos años atrás, al llegar a Roma me topé en sus calles con muchas colillas que, se notaba, eran de cigarrillos enrolados. Pues tengo entendido que en Europa ya hace muchos años que liar cigarros por tu cuenta es lo normal (por el precio elevado de las cajas) pero, para la época que llegue al viejo continente, yo estaba acostumbrado que, en mis pagos, un cigarro armado en un 98,9 por ciento de las veces (dato no corroborado) se trataba de marihuana. Por lo que (pobre iluso) pensé que esas colillas con un par de secas disponibles eran de porro. Recuerdo haber pensado “genial, ésta es la mía” y al micro-segundo siguiente recordar esto de que en Europa la gente arma sus cigarros y sentirme estúpido y desilusionado.

Lo que ya llegó: el turismo cannabico.

El tema es que, esa desilusión de los primeros minutos en la capital italiana, se fueron disipando con buenos amigos que en ese periplo me consiguieron un par de besos de María. Allí estuvo Lavian, un rumano que me hospedó en Praga y que por cuestiones de trabajo no podía acompañarnos durante el día a recorrer la ciudad. Pero el copado nos esperaba con un buen weed, bajón de Nutella y alguna peli para la cena. También se puso la 10 Vasilis, que consiguió un poco de armenio (por lo que entendí era el “paragua” de Grecia) para dar la cata en Atenas.

Referirme a otros para hablar de esta sustancia no es poca cosa, porque si bien es sabido que el cannabis cada día es más aceptado en la sociedad, la realidad es que todavía en la mayoría de los países es ilegal. Por ello, por más que no sea un tema tabú, sigue siendo algo con lo que hay que tener ciertos recaudos; sobre todo siendo turista. Por lo pronto, pocas veces me ofrecieron drogas ilegales en tantas ocasiones como en Cusco. Pero admito que en la historia de aceptar ese tipo de ofertas siempre fui muy precavido. A lo mejor demás. Sin tanto rodeo, un cagón. Si pude dar pista a los brawnnies en la playa de Montañitas fue por Germán, un gran amigo que hizo la compra. El mismo que se vistió de héroe cuando la administradora del hostel donde paramos en Medellín nos adelantó que en la esquina de la plaza vendían “weed” y se me iluminaron los ojos. Pero el que fue a comprar fue el, no yo. Ni hablar del cogollo que consiguió en el Tayrona, lo mejor del caribe. En Ilhabela la suerte fue otra y uno de los encargados del hostel se ofreció a conseguirnos, cuando nuestra búsqueda fue infructuosa.

No he tenido oportunidad de asistir a un coffee shop de los que abundan en Amsterdam, aunque algunas personas que conozco me convidaron buenas historias de esos lugares (y también de la ciudad). Tampoco anduve por Uruguay, ni ningún estado de EEUU donde la marihuana es legal.

De todas maneras en algunas ciudades españolas han sabido sacarle provecho a esto que se denomina “canna-turismo”  donde “los clubes de cannabis españoles exigen registrarse primero como miembro de pago. De esta forma, cuando entregas dinero por un cogollo de calidad, no lo estás comprando, estás «haciendo una donación» para cubrir el coste del cultivo sin ánimo de lucro.Esto permite que los ciudadanos españoles tengan acceso a un cannabis de calidad para consumo personal como parte de una cooperativa sin ánimo de lucro.”

También han surgido los Bud And Breakfast para satisfacer a un nuevo nicho en el mercado cannábico.

Un lugar pionero en esto del turismo cannabico es Colorado donde, aprovechando que la marihuana es legal, hay agencias “que proponen tours en los que se visitan lugares de cultivo, almacenes, fabricación en directo de las típicas pipas de cristal, comidas específicas, intercambio de pequeñas cantidades de distintos tipos de marihuana” generando una actividad turística que va in crescendo día a día.

Sin ir más lejos “El turismo de cannabis ha crecido un 51 % desde 2014, según datos oficiales. El Departamento de Ingresos de Colorado afirma que el estado recibió unos 6,5 millones de turistas de cannabis en 2016. Se estima que esta tendencia se mantendrá y que la cifra se ha incrementado al menos un 6 % en 2017. Si se analiza desde 2014, año en el que se legalizó el cannabis, el estado acumuló más de 5200 millones de dólares (4500 millones de euros) en ventas de marihuana.”

Asumiendo que todos los excesos son malos, pero que al momento las muertes y accidentes asociadas al consumo de sustancias están directamente relacionadas con el alcohol y el tabaco, pienso que el mejor camino no es la prohibición sino la regulación. Por lo pronto, para contar con mayor acceso a la investigación y a estadísticas certeras. Creo que es el camino al que vamos.

Además, la legalización y regulación de esta sustancia podría generar efectos en la economía producto del blanqueo de capitales. Esto ultimo afirma Antonio Dyaz quien considera que la legalización de la droga es inevitable y saludable.

Siguiendo con lo último, desde EEUU han sugerido a las autoridades uruguayas que abran el acceso a la marihuana legal a turista, para evitar el mercado negro.

En todo caso, por si llegan estas líneas a alguien con pensamiento contrario, puede que sea interesante un buen debate sobre el camino al que nos lleva el consumo en general. Mientras tanto, las sustancias en sí nunca fueron ni son el problema. Se trata del vínculo que como sujetos tenemos con ella y la manera en que las comunidades regulan este vínculo directa o indirectamente.

Cocaina y otras sustancias

Cierto es que pensar en sustancias como la cocaína es entrar en otro capítulo más arduo debido a su adicción, como también las grandes sumas monetarias que se mueven en el mercado paralelo. Lo complejo del asunto se pone más espeso cuando aparecen en escena diferentes grupos que luchan por el pedazo más grande de la torta dando títulos amarillos a cada rato en diferentes portadas de diarios y terminan integrando el yang de un sistema extractivo, intenso, virtual y de consumo. Sin embargo, prefiero no adentrarme mucho más de lo (poco) que conozco y es que, al igual que la marihuana, suele ser la sustancia más ofrecida en diferentes lugares a los turistas; al mismo tiempo que hay ciudades sudamericanas que ganan fama por ofrecer la “merca” de “mejor calidad”.

En ese sentido, Medellín ha sido durante mucho tiempo un punto relacionado a la producción y distribución del producto generando grandes impactos negativos debido a los índices de violencia y criminalidad asociados a la cocaína en décadas pasadas. Sin embargo, en los últimos años ha habido un cambio radical en la dinámica de ésta ciudad, donde el turismo tuvo participación crucial y a día de hoy continúan apareciendo en la comunidad paisa diferencias a la hora de discutir si vale la pena integrar el conocimiento de esos años en las nuevas generaciones o hacer “borrón y cuenta nueva” para un mejor futuro. Al respecto, en un artículo sobre el “narco turismo”, Juan David Sandoval sostiene que “precisamente, es la figura controvertida de Pablo Escobar la que vuelve a ser protagonista de una historia, ya no de la violencia o del tráfico de cocaína, sino de su papel en el crecimiento del turismo en Medellín. Aunque sea incómodo o molesto para algunos sectores oficiales o particulares, sin duda el creciente número de extranjeros que visitan la ciudad se debe también a la popularidad que tiene el fundador del siniestro Cartel de Medellín, lo que explica la proliferación de diversos tours que hoy existen sobre él. Algunos de ellos, con una apuesta por dar a conocer las consecuencias negativas de este personaje. Otros, por no decir la gran mayoría (y también de forma clandestina), reproducen el discurso que los turistas quieren escuchar: las hazañas, las aventuras, las excentricidades; en otras palabras, un espectáculo validador de lo que pudieron ver en series como Narcos o en la variedad de documentales y películas que se encuentran sobre Escobar en una plataforma masiva como Netflix.”

Por otro lado, es posible pensar en las drogas de diseño que aparecen en las distintas ciudades occidentales hiperconectadas (pre-covid19) que van modificándose, ofreciéndose distintas opciones para el consumo. Generalmente se asocia a éstas como provenientes de Europa. Pero esto no pasa solo con el LSD (por ejemplo) sino también con las modificaciones genéticas en el cannabis. De hecho, muchos conocedores y fumones de buenos años de experiencia comentan sobre la diferencia del efecto de “un fasito” de la década del 60 con los “trituradores de cara” que se pueden conseguir hoy día.

Volviendo a las drogas de diseño, suelen estar emparentadas a un cierto público y situaciones, como ser las fiestas electrónicas. Y esto sí que tiene buen vínculo con viajes ya que algunas de estas fiestas han alcanzado tanta fama a lo largo del planeta que se incluye muchas veces en el itinerario de viaje como objetivo central a conocer. A decir, día 1 Coliseo en Roma, día 2 partido del Barsa en el Camp Nou y día 3 fiesta electrónica en “X” ciudad.

Finalmente

Lo que queda en evidencia es que más allá del supuesto intento por erradicar la comercialización y consumo de drogas ilegales, lo que destaca es, por un lado, un intenso vínculo entre las experiencias de viaje con el consumo y por el otro, nuevas problemáticas relativas a la posibilidad o no de regulación de estas. Y teniendo en cuenta que en el último siglo los avances en la medicina y la aparición de nuevos fármacos han contribuido al discurso hedonista, de la búsqueda constante del confort donde muchas veces la salud queda por actuación u omisión en la vereda del negociado, es innegable que muchas sociedades han entrado en mayor o menor medida en el consumo excesivo de sustancias no solo ilegales, sino también las legales terapéuticas (automedicación) y las legales recreativas (como alcohol y tabaco).

Mientras tanto, al tiempo que cierto equilibrio posibilite un aceitado devenir que evite de buena manera a uno sucumbir al abismo existencial; nada como pensar ésta y tantas otras cosas en una buena cena rodeado de seres queridos con un buen vino como acompañante y, si el clima lo permite, 5 o 6 sequitas sativas para, apostando al turismo local, disfrutar de la vista nocturna de la ciudad en algunos de los miradores del Cerro San Javier.

Fuentes

7 comentarios en “Reflexiones y perspectivas #3: Cuando de drogas se trata

  1. Avatar de DosViajando

    Muy buen artículo compañero 👌 DosViajando aunque no somos consumidores habituales… tenemos que decir que si, hemos consumido en alguno de nuestros viajes. Lo cuál, hasta nos da vergüenza decirlo 🤷🏻‍♂️ en sitios que está totalmente prohibido 🤦🏻‍♂️. Algún día contaremos las «tonterias» de dosviajando y cómo se arriesga un viajero 😂. Un abrazo enorme.

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    1. Avatar de consejoalviajero

      Jajaja por ahí va el punto muchachos. Va ser un placer leer sus aventuras y desventuras. Abrazo grande!

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  2. Avatar de La Papa

    Muy buen articulo! gracias por acercar estas perspectivas y cruzar variables que aparentan no tener relación alguna. Me hizo pensar en el mandato hedonista de la posmodernidad: ser feliz. Viajar para ser feliz, queda en el mismo plano que consumir sustancias. Muy cierto eso de que el problema no es la droga, sino el vinculo que cada uno tiene con ella. Excelente.
    Un fuerte abrazo!

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    1. Avatar de consejoalviajero

      «ser feliz»! Menudo mandato! Jaja casi que te dan ganas de ni siguiera intentarlo… Sera un honor participar en la papa, un gran proyecto. Abrazo grande!!

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  3. Avatar de Benja

    Excelente artículo! Comparto que las sustancias pueden ponerle sabor al viaje o convertirlo en una experiencia desagradable. Pero como decís en el artículo, las drogas nunca fueron en sí el problema, sino lo que hacemos con ellas. Hay que conocerlas y conocerse. Puedo decir que pasé grandes momentos en otras ciudades fumado, pero creo que ese «buen viaje» se debió menos al porro que a la compañía de amigxs o la montaña que tenía al frente.
    En fin… si la sabés llevar… altamente recomendable

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