Crónica de una cancelación anunciada (Flybondi)

Para qué compro si sé cómo se ponen…

A ver, he comprado en más de una oportunidad pasajes low cost. No solo en Argentina, sino también en otros países (EasyJet y Ryanair en Europa o Viva Aerobús en México) y sé que, al igual que aquí, suelen tener problemas con demoras o cancelaciones. Hasta ahora, mi experiencia con JetSmart y con el mismo Flybondi había sido, dentro de todo, satisfactoria, con alguna que otra demora o reprogramación.

Entonces, hace aproximadamente un mes compré un pasaje de Buenos Aires a Tucumán porque realmente me convenía, y eso no tiene nada de malo. La cuestión es que, a la semana siguiente de haber emitido el pasaje, empecé a ver en las noticias que los vuelos estaban siendo cancelados y que solo uno de los aviones estaba operativo. Como ya no me convenía sacar otro vuelo por el elevado precio, decidí apostar a que la situación volviera a esa «normalidad» a la que ya nos tenía acostumbrados. Estaba dispuesto, incluso, a que me reprogramaran el vuelo uno o dos días después porque justo estaba de vacaciones.

Vuelo original. Pasaje comprado el 19 de junio (un mes y un día antes)

Reprogramación

Dos días antes de partir llegó el primer mail avisándome que reprogramaban el vuelo. En lugar de salir a las 7 de la mañana, saldría a las 12 del mediodía. Incluso me convenía, porque implicaba poder dormir un poco más y no ir tan temprano a Aeroparque.

Mientras tanto, las noticias ya hablaban de «estafas» y de un «colapso de estructura». Más que nada porque, aun sabiendo que muchos vuelos no iban a salir, la empresa seguía vendiendo pasajes.

Última reprogramación y cancelación definitiva

La noche anterior al vuelo me llegó un nuevo correo electrónico. Esta vez me avisaban que el vuelo volvía a reprogramarse y que saldría a las 15 horas. La verdad es que tampoco me afectó demasiado. Simplemente reorganicé la salida del Airbnb que habíamos alquilado con Facundo para irnos un poco más tarde. También estaba con nosotros Benja, otro amigo al que le habían reprogramado un vuelo de JetSmart hacia Córdoba.

Algunos días antes fui fijándome todo el tiempo el estado de vuelos y nada mejoró…

El problema empezó cuando, a las 12 del mediodía del 20 de julio, ya subidos al Uber que nos llevaba a Aeroparque, recibí un último mail. Esta vez no era una reprogramación: directamente cancelaban el vuelo. Y digo que ahí empezó el problema porque yo ya estaba camino al aeropuerto y faltaban apenas tres horas para la salida prevista.

Llegué a las oficinas de Flybondi en Aeroparque, pero no había nadie. El personal de seguridad me explicó que, minutos antes, algunos pasajeros se habían manifestado «haciendo quilombo» e incluso habían golpeado las ventanillas.

No los juzgo. A muchos les vienen «pateando» el vuelo desde hace meses y a otros directamente les deben plata por cancelaciones anteriores. Y me consta que no todos eran «polluelos» como yo, que decidimos jugárnosla sabiendo cómo venía la mano. Mucha gente había comprado sus pasajes cuando la empresa todavía funcionaba bien —entre muchísimas comillas ese «bien»— e incluso algunos habían adquirido esos combos de vuelos para usar durante un año y ahora ni siquiera pueden aprovecharlos.

Se terminó lo que se daba…

El nuevo problema

La cuestión es que, al no haber nadie que pudiera atendernos, la única alternativa era hacer el reclamo por la web. Las opciones eran elegir otro vuelo para cinco días después —cuando todo indicaba que probablemente tampoco saldría—, solicitar un voucher para usar en un futuro bastante incierto o, finalmente, pedir el reembolso. La tercera opción me pareció la única razonable y fue la que elegí.

Pero ahí apareció un nuevo problema. ¿Qué hice para pedir el reembolso? Uno completa el formulario y no recibe ningún tipo de acuse de recibo, número de seguimiento ni expediente. Para intentar tener alguna constancia, también envié un mensaje por los canales de atención al cliente y ocurrió exactamente lo mismo: ningún comprobante, ningún número de caso, nada.

Lo único que recibí fueron respuestas automáticas por WhatsApp e Instagram desde la cuenta oficial diciendo que se comunicarían conmigo por correo electrónico.

Y eso cambia completamente el panorama porque me deja en una situación de incertidumbre total.

Consulté, por supuesto, con alguna plataforma de inteligencia artificial sobre qué podía hacer. Me recomendó guardar capturas de pantalla de todo, conservar los correos electrónicos y no esperar más de cinco días. Si para entonces no obtenía respuesta, lo siguiente sería iniciar un reclamo en Defensa del Consumidor.

Eso es lo que haré.

Cómo sigue el reclamo…

Iré actualizando esta entrada por si le sirve a alguien que esté pasando por la misma situación.

Mientras tanto, ese 20 de julio, después de completar el formulario web, me tomé un Uber hasta Retiro y saqué el último colectivo de la noche hacia Tucumán. Fueron 17 horas de viaje en las que, por suerte, dormí casi todo el tiempo. Cuando no, aproveché para ver alguno que otro capítulo de una serie.

Del colectivo no tengo mucho bueno para decir: incómodo y bastante viejo (Flecha Bus). Eso sí, los choferes tuvieron muy buena predisposición. En un momento del largo viaje se dio una conversación entre, al menos, 10 pasajeros y todos habían sido cancelados por Flybondi. También, la mayoría se había acercado a las oficinas de Aerolíneas Argentinas y JetSmart pero ya no consiguieron vuelos para ese día.

Recomiendo la Sala Vip de la Estación de Retiro

Un dato para quienes viajen en micro: en la terminal de Retiro hay una sala VIP que, por 5.000 pesos argentinos (julio de 2026), permite esperar en un ambiente cómodo y silencioso, con wifi, baños realmente limpios y una cafetería. Me pareció una opción muy recomendable.

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