Ascenso Volcánico

Aventura en el Paso San Francisco: Volcán Bertrand

Finalmente pudimos organizarnos con los changos para hacer una trepada. Pero no cualquier trepada: una de esas que requieren logística, algo de cabeza… y bastante desgaste físico. El plan fue ir al Paso San Francisco y subir el volcán Bertrand.

El equipo se armó así: primero arreglé con Martín, a quien le transmití la manija. Después se sumó Gonzalo y Benja, quien hasta último momento no sabía si iba a poder ir, por una lesión en su espalda. Spoiler: sí pudo. 

Antes de subir: permisos y aclimatación

Para hacer este tipo de ascensos hay que pasar por Fiambalá (algunos hacen base en Tinogasta) y hacer un trámite en la policía. Básicamente llenar formularios con tus datos, recorrido y tiempos estimados. No es complicado, pero es obligatorio y hay que armarse de paciencia, porque se toman su tiempo para sellarlos.

Tip importante: todos nos recomendaron aclimatar al menos dos días. Nosotros aclimatamos uno solo por falta de tiempo. No es lo ideal. Nos salió bien, pero podría no haber sido así. Si tenés margen, hacelo como corresponde.

Antes de arrancar, hablamos con montañistas en Fiambalá y en el refugio de la gruta (ahí en el Paso). Todos coincidían en que el Bertrand es un ascenso “sencillo”. Y sí… probablemente lo sea si tenés experiencia. Si sos amateur como nosotros, tomalo con pinzas. De hecho muchos lo usan como aclimatación para otros volcanes más picantes como el San Francisco o el Incahuasi.

Día de aclimatación (y de boludeo responsable)

El camino desde Fiambalá a la frontera es fantastico. Realmente se trata de una ruta escenica que practicamente te pide que, cada tanto, pares al costado de la ruta para apreciar el paisaje o sacar alguna foto. Paramos en una ocasión para conocer uno de los refugios que están a lo largo del camino. Como diría Martín, los paisajes son tan llamativos que “no tienen sentido”. Pareciera estar uno en otro planeta.

El Paso San Francisco es una locura. Aprovechamos el día para recorrer, conocer unas termas cercanas y, en general, dejar que el cuerpo se vaya adaptando. Nos ayudamos con hojas de coca que compramos en Tucumán y degustamos desde el primer al último día. Allí en Fiambalá también se consigue.

Gonzalo y Benja preparando la cena antes de que anochezca.

Benja cocinó al mediodía y a la noche, mientras el resto cumplíamos un rol fundamental: cebar mate y decir tonteras. Entre ellas, varias sobre el uso del famoso “cacatubo”, ese artefacto que nadie quiere usar pero todos los montañistas recomiendan.

Tip útil: llevá comida fácil de preparar y que te guste. En altura todo cuesta más, incluso cocinar. Tener a alguien que se cope  para cocinar (como Benja) suma muchos puntos.

Día de cumbre: «a lo que yo vine»

Salimos a las 6 de la mañana. Primer error del día: perdimos la huella de camino para la camioneta. Eso hizo que no pudiéramos avanzar más con la camioneta, algo que después se tradujo en más caminata y más desgaste. Si bien hacía frio, era llevadero y con la caminata se disipaba. Si fue necesario usar guantes hasta la salida del sol.

Tip clave: si podés, cargá bien el track o waypoint antes de ir. Ahorra energía que después vas a necesitar.

A mitad de camino vimos una 4×4 que había subido bastante más que nosotros. No voy a mentir: fue un golpe anímico. Ya veníamos cansados y empezamos a dudar si llegaríamos a tiempo. No solo por el clima (se recomienda llegar arriba no mas de las 14 porque luego se nubla) sino porque teníamos hasta las 19 horas para realizar los trámites en migraciones. Además, haciamos chistes que solemos hacer durante las caminatas en relación al gusto por este tipo de actividades, cuando podríamos estar relajados en casa.

Seguimos igual. Al rato, gracias al zoom de la cámara de Gonzalo, vimos que los caminantes que llegaron en la 4 x 4 estaban adelante nuestro. Al principio creimos que ya estaban bajando, pero luego descubrimos que iban cuesta arriba también. Y más adelante los alcanzamos. De hecho, terminamos llegando minutos antes que ellos a la cima. Descubrir que iban a llegar casi al mismo tiempo que nosotros y no mucho antes como creíamos al principio, nos levantó bastante el ánimo.

La subida: “sencilla”, pero…

Dicen que el ascenso al Bertrand no tiene dificultad técnica. Puede ser. Pero tiene mucha piedra suelta, y eso —al menos a mí— me incomodó bastante. Cada paso hay que pensarlo. No es difícil en términos técnicos, pero sí demandante si no estás acostumbrado.

Tip: buen calzado es clave. Y paciencia. Mucha paciencia.

La cima (y el famoso cráter)

Llegué con lo justo. Pero llegué.

Y arriba… es difícil explicarlo sin sonar exagerado. El paisaje es impresionante. El cráter, del que tanto me habían hablado, realmente es espectacular. Es de esos lugares que justifican todo el esfuerzo previo. Nose si tiene un diametro de 4 o 6 kilometros. ¡Pero es enorme! Realmente de los paisajes mas llamativos que vi. El campamento desde donde salimos se ve infimo desde la cima, pero se lo ve. También se ven todos los otros volcanes, presentados como una maqueta. 

También apareció el dolor de cabeza. Nada grave, pero constante. Estábamos a 5250 msnm, la mayor altura a la que llegué hasta ahora. Me hubiera quedado un par de horas más, admirando el paisaje. Pero es necesario bajar, porque queda toda la caminata de vuelta, y porque el viento se pone cada vez mas molesto.

Tip: hidratate bien, comé algo liviano y escuchá a tu cuerpo. El mal de altura no es joda.

A mitad de camino paramos 10 minutos a degustar unos apretados de jamon y queso que habíamos llevado. Durante la trepada comimos puras barritas de cereales, agua y gatorade.

¿Volvería a subir más alto?

No lo sé. Hoy digo que no. Que con esto estoy bien. Que fue suficiente. Al menos eso nos dijimos apenas pisamos la cumbre. Igual, no es la primera vez que llego al final de una expedición y digo “nunca más hago esto”. Y luego de un par de meses ya estoy nuevamente entusiasmado con volver a salir a caminar.

Bajé cansado, con el cuerpo pasado de rosca… pero con esa sensación difícil de explicar de haber hecho algo que valió la pena.

Y eso, al final, es lo que uno va a buscar. Como decía Gonzalo (rebautizado como “el hombre calchaquí”) cada vez que parábamos a descansar y había que arrancar nuevamente, que al fin y al cabo lo que uno iba a hacer ahí es a caminar.

A veces uno necesita estas cosas. Irse un poco al carajo —literalmente, en altura— para acomodar ideas, para cansarse de una forma más mecánica, concreta, más física. Para cambiar preocupaciones abstractas por algo mucho más simple: dar el próximo paso sin resbalar.

No sé si voy a intentar montañas más altas. Hoy te diría que no. Que estoy bien con esto, que no necesito más para sentirme satisfecho. Pero también sé cómo funciona esto: pasa un tiempo, te olvidás del cansancio… y te volvés a tentar.

Por ahora me quedo con esto: un cráter que parece de otro planeta, un dolor de cabeza a 5250 metros, unas buenas puteadas en la subida, y un grupo de changos que, incluso hablando boludeces sobre el cacatubo, empujaron para el mismo lado. Alta banda.

No es poco.

Datos útiles por si vas a realizar la trepada

 Ubicación: Paso San Francisco, Catamarca (cerca del límite con Chile)
Altura del volcán Bertrand: ~5250 msnm

 Permisos:

  • Se tramitan en Fiambalá (comisaría/policía)
  • Gratuitos, pero obligatorios
  • Te piden datos del grupo, recorrido y tiempos estimados

 Aclimatación:

  • Recomendado: mínimo 2 días
  • Nosotros hicimos 1 (no ideal, pero posible)
  • Podés aclimatar en el mismo Paso San Francisco

 Acceso:

  • Se llega en vehículo hasta cierta altura
  • Importante: llevar track GPS / waypoint
  • Perder la huella = más caminata (y más sufrimiento gratis)

 Dificultad:

  • Técnica: baja
  • Física: media/alta (por la altura y el terreno)
  • Mucha piedra suelta → cansa más de lo que parece

Qué llevar:

  • Agua (mínimo 2-3 litros por persona)
  • Comida liviana y energética
  • Buen calzado de trekking
  • Protección solar (el sol pega fuerte)
  • Abrigo (cambia mucho la temperatura)
  • Bastones (recomendados)

Mal de altura:

  • Posibles síntomas: dolor de cabeza, cansancio, náuseas
  • Hidratación + ritmo tranquilo = clave
  • Si te sentís mal, no te hagas el héroe: bajá

Horario recomendado:

  • Salir temprano (tipo 5:30 / 6:00 am)
  • Evitar las horas de más viento y cansancio acumulado

 Bonus track:

  • Hay termas cerca → ideal para aclimatar… o para festejar después

¿Qué hacer en Fiambalá?

Fiambalá es una pueblo pequeño, pero tiene buena cantidad de actividades para hacer. Alrededor de la plaza se pueden alquilar tablas para hacer sandboard en alguna de las dunas cercanas (Saujil, Medanitos, Tatón). También se puede pillar una excursión al balcón del piscis.

Alrededor de la plaza principal tambien se puede comer en alguno de los bares, aunque recomiendo fuertemente el Bar Killa Qullqi que queda de pasada hacia las termas, porque la atención es espectacular y la comida abundante y rica. Hablando de las termas, el costo para nacionales es de 16 mil pesos (abril 2026).

En esta ocasión, además de dormir en el refugio la Gruta en el Paso San Francisco, también pernoctamos una noche en el Hotel Cortaderas y en Fiambalá en la Casona de Santa Barbara. Ambos lugares se merecen la recomendación, tanto como visitar esta zona de Catamarca.

Las entradas a las termas se las consigue a la par de la secretaria de Turismo y se las compra en el día. Recomiendo, finalmente, darse el tiempo de conocer el museo, porque tiene dos momias en exposición y porque tiene una sala dedicada especialmente al montañismo.

Categorías Sin categoría

Deja un comentario

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close