Ascenso al cerro Ñuñorco

Realizar una excursión que precisa de buen tiempo de caminata tiene un costo que resulta de arrancar al menos dos horas previas al alba. Encarar la empresa de subir el cerro Ñuñorco partiendo de SMT implica por ello, una noche previa tranquila, sin desvelo y con un sueño que permita descansar al menos 6 horas. De esa manera, amanecer a las 4 am para desayunar se hace al menos un poco más llevadero. La ruta que conecta la capital del jardín de la República con el Mollar se encuentra casi desierta por el horario, por lo que la subida se hace un poco más rápida, no sin tener en cuenta que se trata de un trayecto de montaña que implica los cuidados necesarios debido a las lluvias de los días previos, las caídas de rocas que suelen darse en la subida e imprevistos como el cruce de animales.

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Llegados a El Mollar, el punto de partida será la zona de “el rincón”, en donde quedarán los autos a la espera de nuestro regreso. Cabe destacar que éste ascenso es organizado y llevado a cabo por “Pirkas – Grupo de Montaña” y es un dato no menor puesto que se trata de personas especializadas y con vasta experiencia en trekking, senderismo y toda la aventura relativa a la montaña. En este caso, tratándose de un cerro de 3300 msnm es necesario, justamente, realizar la subida a la par de profesionales del tema, que te acompañan paso a paso enseñando sobre características propias del cerro en cuestión, como también otras curiosidades que seguro sirven para otro evento futuro.

Antes de partir, dejamos una muda de ropa en el sitio de regreso, teniendo en cuenta los cambios de clima que puede darse durante el día de excursión. Siendo alrededor de las 7.30 am la expectativa da paso al acto, donde cada participante va acomodándose para encarar la primera parte de la subida que implica un caminata en zigzagueo por la ladera abrupta que se presenta frente a la villa turística de partida. La subida está acompañada de muchas rocas y poca vegetación. Llegado a este punto, es posible divisar a los menos partes de las dos quebradas que circundan esta montaña que son la quebrada del portugués y la de Los Sosa. También, y otra vez, con la ayuda de nuestros guías, vamos reconociendo al frente nuestro, a lo lejos, cual cordón montañoso corresponde al Mala Mala, alto del Matadero, abra del infiernillo y la Ciénaga.

El descanso de algunos minutos se agota y es preciso continuar, mientras seguimos aprendiendo en este caso el origen del nombre Ñuñorco, que responde a “cerro con forma de seno”, donde nos señalan que se puede admirar de mejor forma desde la ciudad de Monteros. Obvio, si el clima lo permite.

Un paréntesis producto de una lectura posterior, es que en sus comienzos el Rincón, desde donde partimos, era un potrero. Y el Mollar una estancia, siendo recién en 1973 que esta estancia pasó a ser propiedad del Estado Provincial ya que unos años antes la zona se había transformado en Reserva Provincial Los Ñuñorcos, formando hoy en día parte de su superficie del Parque Nacional Aconquija. (Ley n°27.451).

Siguiendo la ladera hacia el sur se observa un cambio en la vegetación producto de la exposición de este lado de la montaña a la llanura provincial y por ende, a la humedad. Durante esta parte del trayecto aparecen pajonales de alrededor de medio metro, que tapan el suelo por lo que la caminata se vuelve obligatoriamente más lenta, no solo porque al tapar el suelo, el mismo está con barro sino por la posibilidad de desniveles o un tropiezo con piedras que pueda complicar la continuación del camino. Aparecen pequeños y medianos ejemplares de alisos y azafrán silvestre, que por más que nos llamen la atención para utilizarlos en una receta culinaria, solamente sirven a efectos estéticos y de decoración. Pero a comentario personal, nada más bonito que verlos allí mismo, en su lugar de origen.

Siguiendo este camino se llega hasta un nuevo sitio de descanso, cercano a unas antenas repetidoras de señal. Desde aquí se observa otra vista privilegiada de todo lo que es el valle. Así mismo, aporta algo distintivo de esta subida, y es justamente que al ir bordeando la montaña, a lo largo del trayecto se puede apreciar no solo distintos puntos cardinales de paisaje sino también, diferentes perspectivas de un mismo lugar.

Siempre atento a las recomendaciones de Sofía y Nelson (nuestros guías) vamos reduciendo el paso, a modo de ayudar al cuerpo a que se aclimate y permita resistir los embistes que implica en cada metro subido la presión de la altura.

En este momento, además de las diferentes sensaciones físicas por el desgaste que va implicando la subida, podemos dejarnos cautivar por los estímulos visuales que nos regala una vista única y la graduación de colores, donde destaca el turquesa del cielo, los verdes y amarillos de la vegetación con los pajonales como protagonistas. Destellos de violeta también asoman con algunas flores que aún no sucumben al otoño. El corte visual lo realiza sin dudas la profundidad del valle que se presenta como una maqueta que obliga a socavar sobre la pequeñez de la existencia del individuo. Los grises de las rocas y la montaña toda va literalmente encallando en las nubes que aparecen de manera rápida tapando toda la vista hacia abajo presentándose como colchón esponjoso que también asume una belleza particular.

Inmersos ya de pleno en la ladera sur del cerro, las nubes comienzan a subir desde el sur, y por momentos el paisaje amenaza con volverse lúgubre. Esta situación va a ser una constante, entre la aparición de nubes de mayor o menor porte que tapan tanto el camino recorrido como la cima, para luego disiparse y pocos minutos después volver a aparecer. De igual forma, en esta ocasión, van a ser muchas más las veces donde el cielo esté no solo despejado, sino que además, nos abrace el sol durante al menos toda la subida.

Desde la parte más alta de esta zona, antes de seguir bordeando la montaña, se puede valorar otra vista del valle, que en este caso, da lugar a ver el cerro el pelado desde su cara oeste, divisándose la estancia las carreras y la quebrada que lleva a la cascada Los alisos.

Si bien en todo momento nos vamos hidratando y consumiendo alguna comida de marcha ya comienza aparecer una sensación de hambre que lejos de ser un sentimiento personal, al comunicarlo a los más cercanos, se trata de un anhelo compartido. Aún falta camino para llegar a la cima, pero de a poco, comienza a aparecer una sensación de ansiedad por llegar. Con más razón, es preciso no apurarse en el paso, para administrar de mejor manera la energía necesaria.

Siguiendo camino se accede a una pequeña laguna, que por lo que nos cuentan los expertos, está casi seca por una cuestión estacional, volviendo a tener más cauce en las épocas de lluvia.

A esta altura, además del colchón de nubes que vuelve a aparecer, empiezan a volar por encima de nosotros los verdaderos dueños de las alturas andinas: los cóndores. Dos ejemplares se pasean por los cielos con impecable y envidiable dominio del viento mientras los caminantes quedamos obnubilados por su presencia.

La cumbre está cada vez más cerca y con ello, formaciones rocosas de gran tamaño que parecieran posicionarse como primera línea de defensa para intentar impedir nuestro paso. En algunas ocasiones es necesario la utilización de las manos para trepar algunas y sortear otras. La atención no solo está en las rocas sino en pequeños cactus que sobresalen de piedras sueltas a lo largo del camino y de los que hay que tener cuidado, no solo por lo doloroso de su pinchazo, sino además porque no dejan de ser expresiones de la naturaleza por lo que es de suma importancia su presencia allí.

Dato de color a destacar, desde el comienzo mismo del periplo nos acompañan dos canes con evidente experiencia en la montaña que por momentos parecen ir guiando el camino a seguir y le brindan a la actividad una simpática compañía.

Con los pies cansados y sensación de fatiga, la cumbre se acerca cada vez más y ya se divisa a pocos metros una antena, donde nos prometen que detrás de la misma se ubica un monolito que simboliza la cumbre. Todos los sentidos están focalizados en la llegada y cada vez se escuchan menos conversaciones entre los participantes.

Minutos después finalmente se llega al cúmulo de grandes rocas, donde está instalada la antena. Finalmente, cruzando la misma, aparece el monolito. Luego de un poco más de 6 horas de constante subida, es momento de descansar unos minutos, llega el tiempo de apreciar la espectacularidad del paisaje con una visión de 360°. Desde una vista invaluable del valle, que luego será tapada por el océano de nubes, reconociendo los cerros y cordones montañosos que nos rodean hasta la posibilidad de ver a lo lejos el nevado del Aconquija.

La tropa va llegando con algunos minutos de diferencia, pero dentro de un rango de tiempo donde se puede considerar de que llegamos todos juntos. Llega el momento de reponer energías, de almorzar, dar lugar a charlas amenas y disfrutar de compartir, no solo el momento, sino también de la magnífica experiencia de coronar la cumbre del Ñuñorco.

Posterior al almuerzo, descanso y muchas fotos que no logran captar la inmensidad del lugar, es necesario continuar camino. Porque llegar es el objetivo principal, pero concentrarse para la bajada es una obligación necesaria. Las rodillas son de las más preocupadas en el descenso y por momentos, mientras desandamos el camino realizado de subida, aquellos lugares que implicaron agitación por su altura, ahora precisan de mucho cuidado para no dar paso en falso, no tropezar y evitar de esa manera un duro golpe.

Así mismo, dado el horario de siesta, la constancia del sol y el calor empieza a dar lugar a cada vez más nubes y viento. De todas maneras, mientras ya me pregunto si el protector solar utilizado habrá sido lo suficientemente útil, el paisaje ventoso y nublado no logra enfriar la temperatura corporal, que sigue a relativo buen tiempo mientras continúa en movimiento. Mientras van apagándose los colores que nos acompañaron en la subida, ahora empiezan a sobresalir los aromas de la variada vegetación que a nuestro roce van desprendiendo distintos tipos de perfumes dulces y mentolados.

Resumiendo el periplo, la bajada es más corta que la subida. En tiempo, un poco más de cuatro horas. En total, lo recorrido redondea los 22 km y el desnivel realizado ronda los 1470 metros teniendo en cuenta los 1860 msnm del comienzo a la vera del río los Sosa y la cumbre a 3330 msnm. Siendo casi las 19 hs y ya viendo desde el pie del cerro las luces prendiéndose en las calles del mollar y de tafí, puedo asegurar que lo exhausto del final no quita en absoluto la satisfacción a haber podido experimentar un día entero en tal majestuoso cerro. Es momento de regresar, para descansar, rememorar, apreciar, disfrutar de aquello que nos brinda la naturaleza provincial y de empezar a cranear una próxima aventura.

Con el apoyo de @pacha.carpinteria
Links de interes

Pirkas – Grupo de Montaña

Parque Provincial Los Ñuñorcos

El Mollar Turismo

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