Otro año en la tierra de «os irmãos»
Este año repetimos viaje a Brasil y fuimos a casi las mismas playas que 12 meses atrás. Sin embargo, al igual que en 2025 aprovechamos para conocer Curitiba y algunos puntos de Paraguay, en esta ocasión le dimos la oportunidad a Gramado.
Cada vez que viajo al país vecino, repito una que otra ciudad que me gustó. Y de la misma manera, intento conocer algún otro sitio. Es que es un país enorme…
Donde Brasil se pone prolijo
Esta ciudad nos había sido recomendada hace un tiempo por varias personas que suelen vacacionar en las playas del sur brasuca y que llegan a ella como punto medio entre Tucumán y el litoral santacatarinense (no estoy seguro si así se dice). Nos recomendaron, además, ir en la época de las fiestas. Así que hicimos caso. Pasamos la noche del 31 de diciembre en el camping de Jaguari y el primer día del año fuimos a Gramado.





Antes de llegar pasamos por Nova Petrópolis que ya nos mostró de que se trataba el asunto. Lo que pasa es que todas estas ciudades de la Serra Gaúcha tienen una estética europea, con mucha influencia alemana e italiana.
El vaivén de la ruta (ya lo vimos en el Corvo Branco) en esta sierra por momentos te hace pensar que estas en otro país, ya que uno suele relacionar a Brasil con arena y mar. Además, aquí, claro está, el clima es mucho mas fresco que en la costa. Alguna vez escuche a alguien que dijo “los europeos que llegaron a Brasil no aguantaron el calor y se fueron a las montañas”.




La llegada a Gramado es muy bonita porque la ruta es acompañada en ambos lados por frondosas hortensias que explotan de color, dando una postal muy pintoresca.



Cerca de la entrada a la ciudad, luego de un par de subidas y bajadas empinadas, está el Gramado Motor park, donde decidimos parar.
Es un camping para Motorhome bastante amplio y bien ubicado, con una estética interesante. Tiene pileta para pasar los días de calor. De hecho, cuando llegamos estaba toda una familia disfrutándola. La única crítica que le puedo encontrar es que tiene solo 2 baños pequeños y que, al menos ese día que estuve, estaban un poco sucios. Mas allá de eso, a sabiendas que el tema de los baños suele ser el punto débil de casi todos los campings, el lugar está muy bien y lo recomiendo. Pagamos 45 reales por persona. También tiene opción de alquilar habitaciones ubicadas en Motorhome y combis que están fuera de funcionamiento.





Una vez instalados en el camping, salimos a conocer la ciudad, con una caminata desde allí de aproximadamente 50 minutos. Gramado es muy conocida por su gastronomía: chocolates artesanales, fondue, cafés coloniales y vinos de la región. Esto se ve claramente cuando empezamos a llegar al centro y comienzan a aparecer una tras otras las distintas tiendas ofreciendo esos productos.





Primero fuimos al Lago Negro, al que llegamos casi de casualidad siguiendo (mas que nada admirando) la arquitectura de las casas a la vista. Me sorprendió para bien este lugar porque, si bien estaba atestado de gente, todos estaban en un plan super tranquilo que permitía disfrutar de este pulmón verde sin sentirse apabullado. No había ruidos molestos y el ambiente fue realmente muy distinto a lo que se puede observar en cualquier parque importante de una ciudad. Me encantó el contraste entre el nombre del parque con una de las actividades principales que es la de pedalear en una bici de agua con forma de cisne blanco. Muchas personas, evidentemente, se acercaron al lago negro para ver el atardecer.
Todas las casas tienen un estilo arquitectónico que yo no podría identificar fehacientemente (arquitectura alpina según leí en la web), pero que me recuerda a ciudades como Rennes o Saint Malo al norte de Francia y que, supongo, también hay en muchas ciudades alemanas.

Uno de los grandes eventos de Gramado es el Natal Luz, que transforma la ciudad en un escenario navideño durante varios meses. Pudimos apreciarlo apenas cayó el sol y vimos la ciudad encenderse. Un juego de luces que es un viaje visual único.
El turismo es el motor principal, con calles impecables y jardines bien cuidados. En esta ocasión la ciudad estaba a tope y aunque es encantadora y ordenada me animo a decir que es un lugar caro para vacacionar. Los precios estaban bastante más elevados que en otras ciudades brasileras. Finalmente cenamos en una hamburguesería llamada Dubai ubicada en una calle paralela a la calle principal. Quedamos satisfechos con la cena porque la comida era abundante y la versión veggie estaba genial.




Nos quedaron algunos puntos de la ciudad para conocer, y sabemos que los alrededores también son llamativos y ofrecen muchas actividades. Pero luego de manejar largo y tendido desde Tucumán (con breve pausa en Jaguari) este paseo nos vino bien para descansar, caminar un poco y ver una ciudad que realmente vale la pena conocer. Si alguna vez vuelvo a esta zona de Brasil, no dudaré en quedarme nuevamente.
