Primeras impresiones
Cuando las luces del alumbrado público se adueñan del centro es que llegamos a la estación de trenes de Turín, último eslabón de este periplo de 10 días por el norte italiano. El hospedaje se encuentra a 40 minutos a pie así que decidimos ir a nuestro paso de manera de echar un primer vistazo nocturno a la ciudad. Una constante de esta época es la poca cantidad de personas en las calles por el frío y eso me agrada. El departamento alquilado queda en el corso Regina Margherita (quien fue la primera reina de Italia tras la unificación) cerca de la Porta Palatina y el Palacio Real de Turín.

A este mismo palacio volvemos al día siguiente aprovechando la cercanía. Si bien no entramos al mismo, paseamos por el jardín real que cuenta con la Fontana delle Nereidi e dei Tritoni, con una impresionante escultura adornada con tritones, jarrones y estatuas.

Un paseo posterior implica un recorrido a pie por la amplia Via Pietro Micca, que pasando por la Piazza Solferino y la ciudadela de Turín te deja en un lugar emblemático de la ciudad que es la rotonda que confluye en una estatua de Vittorio Emanuele II. La cercanía a la estación de trenes y cantidad de bares y centros comerciales le dan a esta zona de la ciudad una impronta destacada por la cantidad de movimiento que se observa, sobre todo durante el día. De todas maneras, en sus alrededores se puede observar por la noche muchos bares y pubs donde acuden jóvenes y no tan jóvenes.
Paesana: Un recorrido por la historia.
En definitiva, la visita a esta gran ciudad es un pretexto para alquilar un auto y viajar 70 kilómetros hasta Paesana, un pequeño pueblo ubicado en la ciudad de Cúneo. El auto elegido es un sedán brindado por la empresa Sixt con el que nos dirigimos al suroeste por de la ciudad por El corso Massimo d´ Azeglio que, luego de una rotonda, se llamará Corso Trieste para convertirse después en la Strada Regionale 20. Por esta ruta pasaremos por Carignano donde nos desviaremos a la 663 y con esta última llegaremos hasta Saluzzo. Allí no paramos, ya que solo la ubicamos como referencia para nuestro objetivo. Finalmente, luego de una hora y media de viaje llegamos a destino, siempre acompañados por el serpenteante Rio Pó.
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El motivo de la visita a Paesana no es otro que el de conocer a nuestros parientes lejanos, con los que compartimos ascendencia, con la diferencia de que su bisabuelo vivió allí y el hermano de éste viajo a la Argentina donde nació mis abuelos y así sucesivamente hasta llegar a nosotros. El pueblo en sí es muy pequeño y sin llamativas actividades para hacer más que deportes de invierno, aunque el punto fuerte está en otros pueblos cercanos. Así mismo nos comentan que con anterioridad algunas estaciones de esquí fueron dejadas de lado producto de la disminución de las nevadas por eso del calentamiento global. De la misma manera, una constante de estos lugares tanto en Italia como en otros países es la dificultad de ofrecer a los jóvenes buenas oportunidades que al menos le planteen la posibilidad de quedarse por lo que la mayoría viaja a las grandes ciudades italianas a estudiar y luego, lógicamente, no regresa.

De todas maneras y con la carga emotiva que implica compartir un día con parientes (aunque lejanos), se trata de un gran día y posiblemente uno de los mejores de este recorrido tano. Además de que Gianluca nos prepara una rica pasta, su madre Rosalba nos entretiene comentando el devenir evolutivo de nuestro apellido: Margaria. La misma Rosalba nos acompaña a caminar por el pueblo donde nos muestra la casa donde vivieron nuestros antepasados y una de las iglesias donde nos expresa que las imágenes de la cúpula fueron restauradas por mi tatara abuelo que fue artista. El pueblo se encuentra cerca de la naciente del Rió Po y es la antesala de los Alpes con el pico de Monte Monviso a la vista durante todo el tiempo.

Es un lugar tranquilo en el que cualquier persona acostumbrada al barullo de la gran ciudad fantasea con vivir o al menos armar una casa de fin de semana. Las postales son dignas de paisajes como los que encontramos en Bariloche o tranquilamente, sin ir más lejos, en Tafí del Valle. Prometemos regresar y dejamos abierta la esperanza de que también algún día puedan venir a la Argentina, sobre todo a Tucumán, a conocer la tierra próspera y pujante que eligieron alguna vez nuestros ancestros para vivir.
Últimos días en Turín
Finalmente, el último día caminamos nuevamente por el centro de la ciudad para conocer La Mole Antonelliana que es una destacada construcción que debe su apodo a su gran tamaño. Difícilmente se encuentre lugar en la ciudad donde no se la vea. En su interior se encuentra el museo nacional del cine y si bien no entré al mismo, el blog mochileando por el mundo nos aconseja subir hasta la última planta “para tener unas vistas alucinantes de Turín y de los Alpes”. La última actividad a realizar en esta ciudad es sin dudas una de las más interesantes. Se trata de visitar el Museo Egipcio, tratándose del segundo más grande del mundo luego del que se encuentra en El Cairo, por lo que es muy interesante para el público en general, pero sobre todo para aquellos que disfrutan de conocer la historia. Sumado el hecho de que, de no haber tenido oportunidad de visitar Egipto, como es mi caso, es una gran oportunidad para adentrarse en esta magnífica cultura a partir de los distintos elementos arqueológicos que se encuentran en el edificio. La entrada al mismo fue de 18 euros para la fecha en que fui (enero 2023).

Damos por finalizado el recorrido. Hora de retomar nuestro camino a la estación para tomar el tren hasta París. Son aproximadamente 6 horas de viaje y llegamos con el horario justo para la cena, uno de mis momentos favoritos.

El penúltimo día en Turín lo aprovechamos para conocer la zona de Lingotto, un clásico barrio de Turín ubicado al sur de la ciudad. Nos dirigimos allí a través del metro. allí se encuentra el Edificio Lingotto que en épocas pasadas albergó a la fábrica de FIAT y que, de hecho, cuenta no solo con un museo sino con la pista donde se probaban los autos en su último piso. Su visita es interesante además de que sirve como un gran mirador de todo Turín desde las alturas. Los Alpes, el estadio del Torino, el arco olímpico de Turín (inaugurado para las olimpiadas de invierno de 2006) son algunas de las postales para apreciar desde este lugar. Volviendo a la planta baja se puede acceder a dos centros comerciales donde aprovechamos para almorzar y comprar comestibles italianos para traer a la Argentina.


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